Abrazados así, descuadernados al triste roce del tungsteno,

a su locura póstuma de amor estatuario, observábamos la vida

bajo los cárdenos de algún cielo inacabado. ¿Es silencio

esto que muere? Ven. La transparencia todo lo ocupa.

Y tus ojos lloverán como el primer día de Enero

hacia no sé qué imperio tártaro o pureza. He querido

ser tanto y no he sido. Pero la tarde convoca miradas;

la ternura vendimiada de las horas que pacen. Óyelas

sentirnos. Déjalas beber tus miedos de latido virgen.

Hay tanta belleza en el mundo que duele ser este momento.

El mar, tu voz, el fin o los ánades no caídos, reminiscencias

de un verso menor. Volvamos a ese pacto novicio de abrazos

cromados, amor esbelto que siente su cenit demasiado silente,

entre la iniquidad y el deseo, entre la realidad y lo soñado,

allí, amor mío, donde algunas formas se atreven a morir

cuando un crepúsculo joven prende fuego al horizonte.

                                            © 2019 JOSE MARIA BANUS