Éramos de barro y llovía.

A quién retorna la promesa lúgubre de los astros

más ebrios. Yo he vivido por amor un incendio repetido.

Yo he vivido. Tras la fuente una espera, los océanos.

                                               Olvidemos el himno y la rosa,

la verdad, la vida, la beligerante vulva que resuena desconsolada

en estos páramos de suficiencia. Fuga. Piedra. Amor.

Amor de una cumbre encontrada. Crisálidas concatenando sílabas de berilio

cuando una pequeña llama atiende por los mares tu lamento.

Abrázame, amor mío, abrázame

y preludia este inmenso talle de irrevocable temblor, porque todo

lo que yo puedo alcanzar

                           palpita peligrosamente inacabado. Mas

canto, pues, y con las pupilas al viento desmochadas hablo ya de ti.

                                                    Hablo para siempre, por el bronce ontológico,

porque hieres por abismos con el labio desplegado.

Para que las fieles anémonas que usurparon la tinta herida de Nerval

                           nos mantengan unidos,

aferrados a la estela incólume de esta maravillosa obra,

así, tan bellos y radiales, confinados o a tientas

sobre el estucado virgen de la noche más depurada.

 

                                            © 2019 JOSE MARIA BANUS